Hay un objetivo de la oposición muy transparente: transmitirle al régimen de Maduro un mensaje tan claro como discreto: o deja que la OEA organice unas elecciones libres y multipartidistas, o se arriesga a una intervención militar colectiva encabezada por Estados Unidos, país que posee, insisto, numerosos “casus belli”” (ver Carlos Alberto Montaner, “La oposición venezolana”, en el Foro “Iniciativas para cesar la usurpación en Venezuela”). Casus belli: “El casus belli no es otra cosa que el hecho generador o sea aquel que motiva la declaración de guerra… Caso, causa o motivo de guerra. Es el acto ofensivo ejecutado por una nación en contra de otra, y que esta juzga suficiente para la declaración de guerra”.

Con estas palabras Carlos Alberto Montaner, destacado miembro del Directorio del Instituto Interamericano para la Democracia, resumió, a mi juicio de una manera brillante, el fondo de lo que un grupo de ciudadanos venezolanos le solicitamos a la OEA en una carta dirigida a su Secretario General, Dr. Luis Almagro, en fecha 16 de junio de 2020.

Pero aunque esta declaración sea completamente cierta y la suscribamos en toda su extensión, lleva en su interior una pesada carga de complejidad para su implementación, comenzando por las zancadillas que nos aplicaron en las redes sociales aquellos venezolanos que no la entendieron, creyendo de entrada que pedíamos elecciones con Maduro y su CNE, cuando la titulamos Solución Humanitaria de carácter Electoral, porque “en Venezuela ya no aplican elecciones”. Si esto que Montaner explicó tan claro como el agua no se entiende por aquellos que suponemos están en nuestra propia acera de lucha y que en algunos casos tienen años dándose golpes contra el régimen como nosotros, ¿qué podemos esperar del resto de los venezolanos?

Aun cuando lleguemos a convencer a todos los venezolanos todavía faltaría que lo entiendan los Embajadores de la OEA y sus respectivos gobiernos para entonces comenzar a pensar en ese casus belli si todas las opciones se agotan. Vean ustedes lo lejos que estamos todavía de una intervención militar, asumiendo que los gobiernos del continente acepten el casus belli en el supuesto de que comiencen a trabajar activamente por esa Solución Humanitaria Electoral planteada. Este tema no tan fácil como decir en Venezuela que lo único que hace falta es que la Asamblea Nacional apruebe el 187#11, o pedir al Consejo de Seguridad de la ONU que apruebe una intervención militar sin que estén dadas las condiciones. Es por esa razón que creemos que el “o deja que la OEA organice unas elecciones libres y multipartidistas” de la intervención de Montaner, llegaría más rápido que la opción militar del casus belli.

Sin embargo deseo hacer aquí una precisión que considero sumamente importante: le pedimos fundamentalmente a la OEA su intermediación en el problema venezolano, y luego de aceptado ese arbitraje, su decisión acerca de la conveniencia de dos opciones perfectamente aplicables luego de decidir intervenir electoralmente en el país: “a) un acto electoral que obligue al régimen que usurpa el poder en Venezuela a aceptar el mandato del pueblo en una Consulta Popular vinculante, establecida en nuestra Constitución, que permita al pueblo en ejercicio de la soberanía popular decidir sobre el Cese de la Usurpación, la conformación de un Gobierno de Transición que garantice condiciones básicas e institucionales, de convivencia social, que permitan proceder a la celebración de elecciones libres y democráticas; o b) por una Elección Presidencial que reponga el ejercicio legítimo de la Presidencia de la Republica usurpada”.

En ambos casos sería el pueblo venezolano el que finalmente decidiría el destino del país, permitiendo dar un paso adelante para resolver la grave crisis política. Pero ambas opciones tienen diferencias fundamentales. La Comunidad Internacional solicita desde hace años una solución Constitucional, pacífica y electoral, pero no se pasea por el hecho de que en Venezuela todas las instituciones se evaporaron por la acción corrosiva de una tiranía, incluyendo las instituciones partidistas y el árbitro electoral. Hay que rehacerlo todo, incluyendo a los partidos, que han sido contaminados por los venenos de la corrupción y el colaboracionismo. Hacer una elección Presidencial sin un piso político solido y estructurado es meter al país en una espiral de inestabilidad. El país necesita una transición del actual estado de cosas a uno nuevo, con instituciones mucho más sanas y fortalecidas, que garanticen un mínimo de estabilidad política.

Si la OEA decide actuar activamente en la intermediación electoral en Venezuela, deberá ir más allá de la opción que sugirió con claridad meridiana Carlos Alberto Montaner de “unas elecciones libres y multipartidistas”, sino la consideración de un periodo especial de estabilización política con sustento del voto, donde exista en la conducción la presencia de los factores más representativos de la realidad venezolana, que le permita al país ir reconstruyendo todas las instituciones destruidas por Maduro y su mafia. No es un requisito pero si una recomendación para el beneficio de un país que ha sido destruido hasta los cimientos de su nacionalidad.

ANCO ha recomendado desde hace mucho tiempo la necesidad de un gobierno colegiado post Maduro que conduzca un periodo de recuperación del país. Dado el nivel de destrucción institucional que dejará en Venezuela la plaga narco delincuente del régimen de Maduro cuando se vaya, se requerirá de las mejores mentes y experiencias en todas las áreas para recuperarnos de esta tragedia mil veces peor que el Covid-19 por su capacidad de generación de muerte y destrucción.

Y ese gobierno colegiado no existe en nuestro ordenamiento constitucional, por lo que tiene que surgir de una decisión de los ciudadanos. Guaidó no tiene ese respaldo porque su presidencia no nació del voto popular. Cualquier propuesta que se haga para recuperar los equilibrios institucionales debe ir en la dirección del respaldo popular de quien gobierne y la forma que ese gobierno tenga. Venezuela necesitará de una forma novedosa de gobierno para sortear los peligros que se presentarán por la destrucción institucional que ha provocado el régimen. Entonces mas allá de pensar en despachar con una elección este problema consideremos primero que aparezca un árbitro transparente y confiable, para luego pensar en dirección tomara el proceso. Y como en Venezuela desapareció hace mucho tiempo ese arbitro, lo seguimos buscando fuera. Espero que la OEA se anime a serlo. Creo que les conviene tanto como a nosotros…

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La entrada Más allá de unas elecciones libres se publicó primero en Noticiero Digital.


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