Las elecciones parlamentarias a realizarse el próximo 6 de diciembre –coronavirus mediante– han traído a la mesa de discusión opositora el tema de la participación o la abstención. Sobre el tema mucho se ha discutido y quedan puntos pendientes, que no es el caso de discutir ahora, pero si es necesario reflexionar sobre algunos temas colaterales que ha suscitado.

Uno de los temas es la depresión y desesperanza en la que están sumidas muchas personas por el supuesto fracaso de la política opositora desarrollada en los últimos años. Tal afirmación se debe acotar pues tal fracaso, si bien es cierto, se refiere únicamente al objetivo de lograr el abandono del poder de este régimen y el restablecimiento del estado de derecho. No hacer esta salvedad sería desconocer la lucha que ha estado librando el pueblo venezolano en contra del socialismo del siglo XXI y por el restablecimiento de la democracia durante todos estos años, que aunque el más anhelado objetivo no se haya logrado, ha habido, sin embargo, otros logros significativos.

Una de las vías de enfrentamiento del pueblo al régimen opresor ha sido la protesta, la realización de grandes manifestaciones, grandes marchas y, sobre todo, conformar cientos de organizaciones no gubernamentales, para defender los más variados derechos. Esas organizaciones de la sociedad civil, junto al pueblo llano, al ciudadano común, han organizado protestas y manifestaciones todos los días, para exigir y reclamar por los servicios más básicos –agua potable, gas doméstico, electricidad, transporte, seguridad personal y pública, escasez de gasolina, pago oportuno de pensiones y jubilaciones, escasez y carestía de alimentos– o por derechos humanos fundamentales –libertad de expresión, presos políticos, contra abusos policiales, por la dotación de hospitales y dispensarios–, y un sinnúmero más de motivos. (El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, OVCS, organización no gubernamental que opera desde el año 2007, registra más de 1000 protestas todos los meses).

Incluso algunos venezolanos –que en número no menor al 15% de la población– han optado por irse al exterior, buscando las condiciones de vida que en el país se les niega, muchos de ellos, desde allí, donde quiera que se encuentran, siguen efectuando acciones de protesta y de calle, siguen denunciando y participando en los eventos organizados por la oposición o de manera espontánea o por algunas organizaciones de la sociedad civil; sin olvidar que muchos de ellos ayudan a sus familiares y amigos enviándoles dinero, alimentos o medicinas desde el exterior, para que puedan sobrevivir en Venezuela.

En materia electoral el pueblo venezolano también ha respondido acudiendo a procesos de consulta cuando se le ha convocado o a procesos de votación para elegir presidente, gobernadores, alcaldes, diputados, concejos municipales y asambleas legislativas o para pronunciarse en referendos; y también se ha abstenido de participar en la vía electoral cuando ha sido ese el objetivo político unitario que se ha decidido o cuando ha considerado que no hay razones suficientes para concurrir a una determinada votación, aun cuando la decisión partidista haya sido la de participar.

El resultado –y éxito de esta actividad desplegada por el pueblo, principalmente bajo estas dos vías, aunque no han sido las únicas–, está a la vista. Primero, sin duda, sobrevivir; estar vivos es la mayor victoria, el mejor logro en contra de este oprobioso y represivo régimen que ha destruido la economía, el empleo y llevado a la pobreza a más del 90% de los venezolanos y a la pobreza extrema a la cuarta parte del país. Seguir vivos y resistiendo, no es poca cosa en las condiciones del país y es el éxito más contundente, la mejor demostración de la resistencia del pueblo venezolano.

Pero además, el rechazo y la oposición al régimen han ido creciendo; el número de venezolanos que han abierto los ojos, que se han dado cuenta y se oponen al régimen que nos oprime se ha ido incrementando, hasta llegar a más del 80% del país, de acuerdo con cualquier encuesta que se examine y con los resultados de cualquier proceso electoral que se realice.

Otro éxito significativo de esta resistencia, ya lo hemos mencionado, es que hoy hay cientos de organizaciones de la sociedad civil activas, trabajando en defensa de los derechos de los venezolanos, denunciando los atropellos del régimen y logrando apoyo internacional para sus causas.

Por su parte los partidos políticos también han estado activos en la lucha por el rescate de la democracia, aunque son los que han llevado la peor parte. Tras casi cuarenta años de predica antipolítica y anti partidos, acusados de corrupción y de pérdida de identidad y contenido ideológico, venían convirtiéndose muchos de ellos en meras maquinarias electorales e incluso éstas, en los años 70 y 80 del siglo pasado, fueron desplazadas por medios de comunicación, “‎consultores” y empresas dedicadas a esta actividad, dejando a los partidos únicamente la tarea de negociación y distribución de cargos y prebendas. Fueron así fácilmente derrotados por Hugo Chávez Frías en 1998, que incluso los borró de la Constitución de 1999 que se hizo a su medida, dejándolos sin reconocimiento como partidos políticos y sin recursos financieros del Estado.

No obstante, los partidos se han opuesto a la dictadura por varias las vías, de las cuales vale la pena destacar tres. Primero, obviamente la vía electoral, que forma parte de sus características esenciales; pero no solo han participado en procesos electorales, sino también han organizado referendos y procesos de consulta para movilizar a la población. Segundo, han llevado adelante una intensa campaña por todo el mundo para denunciar la naturaleza del régimen y para lograr el apoyo internacional a la causa de la libertad de Venezuela. Tercero, han participado en procesos de negociación, internos y con apoyo internacional, con el fin de lograr condiciones para el restablecimiento de la democracia.

Los resultados de este trabajo también están a la vista; hoy en día el mundo sabe exactamente la naturaleza tiránica y déspota del régimen que está instaurado en Venezuela y más de 50 países han reconocido al gobierno interino de Juan Guaidó y desconocido al presidente usurpador surgido de unos comicios ilegalmente convocados, a destiempo y efectuados sin participación democrática, en el año 2018.

Deprimirse, perder la esperanza o decir que en Venezuela la oposición no ha hecho nada, que no ha sido exitosa, no solo es mezquino, es una estupidez. Pero también lo es celebrar, pensando que lo logrado es suficiente o que esos logros implican que el régimen está a punto de ceder el poder. Esto obviamente no es así, pues allí sigue el presidente usurpador, controlando recursos, territorio, instituciones y la fuerza armada. Debemos tomar conciencia de que no es suficiente el apoyo interno logrado hasta el momento y el rechazo y desconocimiento internacional; y sobre todo evaluar qué pasos dar a partir del momento en el que no contemos con un gobierno interino, ni siquiera una fracción parlamentaria que pueda ser reconocida internacionalmente.

Partidos y pueblo no hemos sido exitosos en el objetivo fundamental de desalojar del poder a este régimen opresor y restablecer la democracia; el régimen por años se sostuvo debido a la cantidad de recursos que tuvo y dilapidó haciendo demagogia, sobornando y comprando voluntades y complicidades. Hoy el régimen, sin apoyo popular, la fuerza y la represión es lo único que lo sostiene en el poder y en buena medida los errores cometidos por la oposición y algunas fallas organizativas y que en muchas ocasiones hemos desconocido o subestimado su naturaleza autocrática, autoritaria y la falta de escrúpulos para sostenerse en el poder a toda costa.

Politólogo

https://ismaelperezvigil.wordpress.com/

La entrada La resistencia opositora se publicó primero en Noticiero Digital.


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